EL ESCRITOR O EL VENDEDOR DE LIBROS

Sabios consejos de mi admirada Mercedes Pinto Maldonado.

Soy mi palabra

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Hace unos días asistí a un evento literario en el que lectores, escritores y editores dialogamos especialmente sobre los géneros literarios y las nuevas tendencias de lectura. Aunque al final fue casi un encuentro de amigos, en el que se charló amigablemente, aprendí (el que sabe escuchar y observar siempre aprende, aunque solo sea qué cosas no debe hacer).

Lo cierto es que la charla básicamente fue una manera de que dos de los escritores asistentes vendieran algunos de sus libros. Esto me hizo reflexionar sobre los nuevos tiempos que vivimos los autores y por qué nos resistimos a subirnos a este carro digital lleno de posibilidades. Honestamente, pienso que la imagen del escritor arrastrando una maleta de cincuenta kilos por los caminos, con el cierre a punto de estallar, colmada de libros, no sea que falten ejemplares en el evento, es anacrónica. Algo en mí se conmovió.

Yo misma…

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El silencio mexicano

El silencio del puebloEste es un ensayo de miedo. No es una historia de sensaciones náufragas ni de alucinaciones íntimas. Es sobre el miedo que da el silencio de los justos ante la situación de este país al que conocemos como México. También sobre el miedo que tienen la inmensa mayoría de mexicanos, ese miedo que los atenaza y los vuelve insensibles a los padecimientos de sus semejantes. No es sobre los “malos”, ni sobre los todavía más malos de sus gobernantes, es sobre la gente corriente, la gente de buena fe, tampoco es sobre los muy pobres que tienen que luchar diariamente por el sustento de los suyos y lo único que les queda es la fe. Es sobre las clases medias y acomodadas, sobre los profesionales, sobre los intelectuales, sobre todos ellos. Ese miedo que les provoca inacción es lo que me aterroriza como ciudadano de este país.

Llegué a Veracruz de otro puerto lejano, del puerto de Barcelona, la capital catalana enclavada en el mar Mediterráneo; donde las relaciones humanas eran, por lo menos hasta ahora, más justas que en este lado del Atlántico. Hace ya cuatro años y no puedo soportar el tener que hablar en voz baja en los lugares públicos, el no poder decir en público lo que me cuentan en privado. Decir “Los Zetas son unos hijos de la chingada” es imposible sin que tus compañeros de mesa, si estamos en una cafetería, se queden aterrorizados, mucho menos decir que el Gobernador pertenece al crimen organizado, como si que se dice en privado. Algún amigo me ha dicho que no se puede decir, “porque te pueden matar”, a lo que yo le he contestado, ”te podrán quitar la vida porque muerto ya estás, te mataron el libre albedrio hace mucho tiempo”, vivir sin libertad, para mí, es un no vivir; el silencio es lo contrario de la palabra, esa palabra que nos diferencia de los otros primates.

Quizás sea injusto y esté generalizando demasiado, pero realmente las voces disidentes son muy pocas, la dictadura perfecta instituida en México obra milagros en el silencio. Demasiados  intelectuales viven encadenados a su pesebrera, instalados en todo tipo de instituciones, de premios y multitud de becas, que acomodan su disidencia a la medida del poder. Profesionales de todas las ramas del saber que no se quitan la camiseta del Puebla ni para dormir, colaborando a generar una tupida red de corrupción que llega a todos los rincones de la república.  De los sindicatos, ni hablemos, no son organizaciones al servicio de los trabajadores, son organizaciones mafiosas y pilar fundamental del mantenimiento de este sistema político y económico que mantiene a la mitad de la población por debajo del límite de pobreza. Y en medio de este panorama lo más desesperanzador, el silencio de los justos que sirve de argamasa de la injusta estructura de esta sociedad. El silencio de los justos de no acabar, acabará con la dignidad de todo un pueblo.

La hoja de Victor: La cruda realidad

A veces los sueños se cumplenHoy tenía que escribir una entrada, la segunda parte de mi último viaje a Toulouse; me apetecía hablar de la experiencia de compartir cena y charla con alguien como Jaume Cabré, hombre lleno de vida, de literatura y bonhomía, o las charla con Carme Riera, o el debate con Sebastià Alzamora sobre novela e Historia…Tenía que hablar de sensaciones maravillosas de sentirse escritor en pos de un sueño; sí, y de esa maravillosa ciudad llena de significado para tantos exiliados.
Pero, mientras empezaba a escribir, la realidad se ha aparecido por mi ventana, con toda su crudeza, precisamente hoy, que el frío del invierno es frío de verdad.
Qué triste es que un ser humano no pueda ganarse la vida con un trabajo digno, que tenga un padre que mendigar de puerta en puerta con un niño en brazos cuando aún es joven y fuerte, cuando tiene tanto por hacer aún.
Qué pena da esa mirada de orgullo herido y derrota, y qué cerca está de la mayoría de nosotros.
Dicen que ahora hay menos divorcios, la Iglesia estará contenta ¿será que el Matrimonio vuelve a ser cosa sagrada? No; más bien la Iglesia debería agradecer este aumento del “para toda la Vida y lo que Dios ha unido que no lo separe el Hombre” al Ministro de Economía, al de Hacienda, al Banquero, al Especulador, al Ladrón, y en última instancia a todos esos Hombres Justos de traje italiano y pose de perdonavidas que se están enriqueciendo a costa de la miseria de millones de mujeres, pagando sueldos de miseria, exigiendo servilismo, amos como son del Mundo por la gracia de un sistema que solo está pensado para ellos.
¿Cómo puede un padre cuidar a su familia con 400 euros al mes? 

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EL ESTILO LITERARIO

Soy mi palabra

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Cuando comencé a publicar historias mi mayor miedo era si encerrarían eso que llaman “estilo literario”, principalmente porque no tenía muy claro qué era. Parece que habláramos de un concepto abstracto, algo indefinible. Si buscamos en Google estas dos palabras nos saldrán un sinfín de páginas donde intentan explicar qué quieren decirnos los eruditos cuando aconsejan al escritor crecer en su oficio con estilo. Aun así, después de leer y leer, sigue siendo difícil entender qué significan. Es como contestar a por qué amamos, podríamos dar mil razones, pero ninguna de ellas lo explicaría.

Pues bien, creo que ya lo sé, he comprendido que a menudo complicamos lo sencillo simplemente porque damos por hecho que cualquier conocimiento que pertenezca al mundo del intelecto forzosamente tuviera una dificultad añadida; pero no es así, el significado de “estilo literario” es simple. Nada como extrapolar el concepto a cualquier otro oficio para entender…

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NO HAY ATAJOS PARA LLEGAR A LOS LECTORES

Soy mi palabra

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Hace más de diez años que me decidí a editar mis obras y puedo decir que tengo alguna experiencia. El tiempo me ha enseñado que no hay atajos, que la única forma de tener quien escuche tus historias es contándolas bien y, muy importante, a tu manera. El lector rechaza las malas imitaciones, incluso las buenas, quiere saborear la historia a golpes de emociones y descubrir secretos y sentimientos nuevos de sí mismo y del mundo, que no estén en ningún otro libro. Quiere ser sorprendido mientras se evade y descubrir el universo sin esfuerzo, como los niños.

Esta mágica pericia no se consigue con atajos, sino con perseverancia, esfuerzo y vocación. Compruebo día a día cómo los nuevos escritores, llevados por la ilusión de encontrar oídos atentos para sus cuentos, se precipitan y publican obras menores, por decirlo de algún modo, que no están pulidas o que no las…

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“En mi final” de Joan Carles Guisado

En mi final
 
 
 
Rota me siento,
cual muñeca en un desván.

Sin aliento estoy

para vivir más.

 

Poco duró el amor.

Ese espejismo que inventé

mirándote llegar.

 

Me poseíste sin respeto

hasta romper mi corazón.

Me hiciste añicos

que no puedo componer.

 

Rota estoy en el desván

Y ahora, en mi final,

libre ya: ¡por fin!

Tu sombra se desvanecerá.