El silencio mexicano

El silencio del puebloEste es un ensayo de miedo. No es una historia de sensaciones náufragas ni de alucinaciones íntimas. Es sobre el miedo que da el silencio de los justos ante la situación de este país al que conocemos como México. También sobre el miedo que tienen la inmensa mayoría de mexicanos, ese miedo que los atenaza y los vuelve insensibles a los padecimientos de sus semejantes. No es sobre los “malos”, ni sobre los todavía más malos de sus gobernantes, es sobre la gente corriente, la gente de buena fe, tampoco es sobre los muy pobres que tienen que luchar diariamente por el sustento de los suyos y lo único que les queda es la fe. Es sobre las clases medias y acomodadas, sobre los profesionales, sobre los intelectuales, sobre todos ellos. Ese miedo que les provoca inacción es lo que me aterroriza como ciudadano de este país.

Llegué a Veracruz de otro puerto lejano, del puerto de Barcelona, la capital catalana enclavada en el mar Mediterráneo; donde las relaciones humanas eran, por lo menos hasta ahora, más justas que en este lado del Atlántico. Hace ya cuatro años y no puedo soportar el tener que hablar en voz baja en los lugares públicos, el no poder decir en público lo que me cuentan en privado. Decir “Los Zetas son unos hijos de la chingada” es imposible sin que tus compañeros de mesa, si estamos en una cafetería, se queden aterrorizados, mucho menos decir que el Gobernador pertenece al crimen organizado, como si que se dice en privado. Algún amigo me ha dicho que no se puede decir, “porque te pueden matar”, a lo que yo le he contestado, ”te podrán quitar la vida porque muerto ya estás, te mataron el libre albedrio hace mucho tiempo”, vivir sin libertad, para mí, es un no vivir; el silencio es lo contrario de la palabra, esa palabra que nos diferencia de los otros primates.

Quizás sea injusto y esté generalizando demasiado, pero realmente las voces disidentes son muy pocas, la dictadura perfecta instituida en México obra milagros en el silencio. Demasiados  intelectuales viven encadenados a su pesebrera, instalados en todo tipo de instituciones, de premios y multitud de becas, que acomodan su disidencia a la medida del poder. Profesionales de todas las ramas del saber que no se quitan la camiseta del Puebla ni para dormir, colaborando a generar una tupida red de corrupción que llega a todos los rincones de la república.  De los sindicatos, ni hablemos, no son organizaciones al servicio de los trabajadores, son organizaciones mafiosas y pilar fundamental del mantenimiento de este sistema político y económico que mantiene a la mitad de la población por debajo del límite de pobreza. Y en medio de este panorama lo más desesperanzador, el silencio de los justos que sirve de argamasa de la injusta estructura de esta sociedad. El silencio de los justos de no acabar, acabará con la dignidad de todo un pueblo.

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2 pensamientos en “El silencio mexicano

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