Me siento como Colón cuando arribó al nuevo mundo

PERDER UNA GUERRA SE ASIMILA. LOS ESCARNIOS PERMANECEN INDELEBLES.

Podía haber llegado a Cataluña en cualquier otro momento; podía haberme descasado unos años antes, pero el destino, siempre caprichoso, decidió que fuera precisamente ahora. 

Aterrice en la Ciudad Condal en marzo de 2012 y no tardé demasiado en percibir un chispazo de ilusión entre la gente. Han pasado más de dos años desde mi llegada y muchos ciudadanos  lo están pasando mal, como en el resto de las Comunidades en las que más que vivir me ha tocado convivir, pero ello no impide que se masque  en el ambiente un halo de cómplice esperanza,  que se ha mantenido inalterable desde mi llegada.

Hoy ya puedo afirmar de forma tajante, que este plus de esperanza tiene que ver con la firme voluntad de una mayoría de la población catalana de construir un nuevo país.

Via desbordada    Fui testigo de cargo de un insólito fenómeno que tuvo lugar el 11 de…

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