Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.900 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 32 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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NANTIÉ: En torno a las palabras, esos raros tesoros.

Felicidades Isabela.

TRAPEZIdeTANA

“La vida sólo merece la pena cuando está hecha de la misma materia con que se hacen los buenos cuentos”

Gustavo Martín Garzo,Una casa de palabras, Océano Travesía 2012

“La materia prima de las narraciones de Isabela Méndez no es, en mi opinión, la fantasía. Aunque pueda parecerlo. La materia prima es la vida. Y la fantasía es la herramienta para contarla, para vivirla y para trascenderla” 

Extracto del prólogo de Vicenç Villatoro para Nantié

Portada del libro de Isabela Méndez. Ilustración: Isabela Méndez

Estos días estamos de celebración, ¡ha nacido un libro “raro”!

Si consultamos en el diccionario la palabra “raro” leemos lo siguiente:

raro, ra(Del lat. rarus).

1. adj. Que se comporta de un modo inhabitual.

2. adj. Extraordinario, poco común o frecuente.

3. adj. Escaso en su clase o especie.

4. adj. Insigne, sobresaliente o excelente en su línea.

5. adj. Extravagante de genio o de comportamiento y…

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Relatos del futuro presente (7)

madre corazón

Pilar consiguió que Ana se incorporase. A duras penas pudo sentarla en el banco de madera que conformaba el único asiento de la chabola.

—Explícame todo con tranquilidad, Ana, despacito.

—¡Ya te he dicho! Estas son las bragas de María —le dijo, alzando la voz y sacudiendo la prenda con todas sus fuerzas.

—¿Dónde las encontraste?

—¡Ya te he dicho! ¡En el hueco de un árbol, al inicio de las naves industriales viniendo del centro! ¡Dónde estará mi niña! ­—gritaba con un grito ronco, que apenas podía salir de su garganta.

—Te voy a ayudar a encontrarla, tranquilízate, volveremos a las naves y donde haga falta.

—¿Qué puedo esperar? ¡Dime, Pilar! ¿Qué puedo esperar? —los sonidos salían por entre la cascada de lágrimas que le brotaba de sus ojos cansados.— Pregunté en las naves y nadie sabía nada. Fui a la plaza y tampoco pude encontrarla.

—Tendremos que ir a la policía, no queda más remedio.

­—¡No, a la policía no! No sirve para nada, nosotros no tenemos la menor importancia, no perderán su tiempo para encontrar a una  niña de una familia excluida. No me fio de ellos, ellos mismos pueden haberla raptado.

—Ya iré yo, diré que es mi sobrina y que ha desparecido, tengo que hacerlo.

—Si les dices que desapareció de mi casita, ni caso te harán y encima podrás tener problemas. Si se entera Juan se muere del susto.

—A Juan no le pienso decir nada, no está preparado para esto, si quieres antes de ir a los polis te acompaño a indagar más por las naves industriales.

Ana no sabía que contestar, todo el día anterior se lo había pasado buscando a su hija y el descubrimiento de su ropita interior manchada de sangre la había desanimado totalmente. Regresó ya entrada la noche, se estiró en el suelo de la choza y entre la desesperación y los interminables lloros, se había quedado dormida. No podía pensar, la cabeza le daba vueltas y los pensamientos eran totalmente redundantes, de su hijita a la chabola, de la chabola a la nave, de la nave a la plaza y de la plaza al árbol y vuelta a empezar. No podía articular pensamientos positivos que la permitieran pensar en organizar la búsqueda de su hija. Estaba extrañada con la solidaridad que le ofrecía Pilar pero a la vez contenta, hacía tiempo que no sentía la sensación de estar apoyada por otra persona. Sabía que Pilar quería ayudarla y ella era incapaz de darle datos que la pudieran orientar.

Tampoco Pilar tenía demasiada claridad de ideas, la desaparición de la hija de su amiga junto al miedo que le provocaba la situación no le dejaban ver las cosas con nitidez. En una situación de normalidad, como no hacía tanto, sabía que lo único lógico era ir a la policía, denunciar el hecho y esperar a que la policía actuase con diligencia, pero ahora también ella tenía sus dudas. Sabía que la policía había dejado de estar al servicio de los ciudadanos, se habían convertido en un cuerpo prácticamente privado al servicio del poder y de las clases adineradas, todo había cambiado, el bien común no preocupaba a nadie.

—Quédate aquí voy a casa a buscar unas ropas para que te vistas, vengo enseguida y nos vamos a buscar a la niña.

—No tardes mucho. Estoy desesperada.

Pilar salió de la chabola y Ana se quedó sola, estaba aturdida y no sabía qué hacer. Se levantó del banco. Agarró un jarrito de porcelana totalmente descascarillado y vertió en él agua del envase de plástico que había en la cocina. Encendió el pequeño camping gas que tenía y lo puso a calentar. En una taza de barro no menos descascarillada puso una cucharada de manzanilla que sacó de un bote de plástico de Colacao, al ver el envase se acordó de María y empezaron a brotar unas ligeras lágrimas de sus cansados ojos. El agua llegó  a su punto de ebullición y Ana la vertió en la taza, esperó unos minutos y se dispuso a beber la infusión mientras esperaba a su amiga. Aunque Pilar se dio toda la prisa posible la espera se le izo eterna a Ana.

—¡Ábreme! Ana, soy yo.

—Entra, Pilar. Se me izo larga la espera.

­—Vine lo antes que pude, he traído varias cosas, escoge algo y arréglate bien. Te traje unos afeites para que te veas bien guapa.

—No tengo ganas de hacer nada.

—Ya sé, sé que es difícil, pero hemos de ir arregladas, sabes que en estos tiempos las apariencias cuantas más que nada. Hemos de salir y hacer algo por tu hija, tienes que hacer de tripas corazón, no tienes de otra.

Ana empezó arreglarse sin demasiadas ganas. Ella sabía que su amiga llevaba razón, tenía que parecer una trabajadora normal, no podía salir vestida como una desheredada, era la única posibilidad que las tomaran en serio. Por fin terminó de arreglarse con la ayuda de Pilar y las dos partieron de la casa en pos de una búsqueda incierta.

Continuará…

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Relatos del futuro presente (6)

madre corazón

El encuentro con Ana, en la Plaza mayor, había disparado alguna alarma en el interior de Pilar que la empujaba a sacudirse la parálisis producida por el miedo que se había apoderado de las personas de a pie durante la consolidación de la gran crisis. Encontrarse cara a cara con su amiga de la infancia desposeída de todo bien material le hizo tomar conciencia de la deshumanización en la que había caído por culpa de la escasez impuesta a los más débiles. Aún no se atrevía a hablar de ello con su marido, no podía compartir con él sus pensamientos, tenía que afianzar sus convicciones y hacerse fuerte antes de intentar explicar lo que pensaba a su marido. Quería decirle que esta vida que llevaban no iba a ningún lugar, que luchar cada día por las migajas que les otorgaba el sistema a cambio de olvidarse de las personas que se habían quedado sin esperanza no era vida ni era nada.

Pilar intuía que era necesario salir de esa espiral en la que se habían visto envueltos como un remolino insaciable que les llevaba al abismo. Empezaba a ver claro que ese individualismo atroz, que habían asumido los de abajo para disputar a otras personas los pocos puestos de trabajo y las pocas viviendas disponibles, no tenía sentido. No era como en otra épocas de la humanidad donde no había realmente alimentos, en este momento de la historia los poderosos acumulaban sin cesar todo tipo de bienes. —Era muy sencillo— decía para ella misma, —se trata de repartir mejor, de acabar con la desigualdad. Es mentira que la desigualdad es inevitable, no puede ser que unos muchos estemos a expensas de unos pocos, poquísimos, no debe ser normal— se decía una y otra vez. Le asustaban sus propios pensamientos, tenía amigas que habían pagado las consecuencias de pensar de esa manera, de pensar que las cosas podrían ser diferentes y que podríamos mejorar la vida de todas las personas; unas habían perdido el trabajo, otras el marido y demasiadas las dos cosas.

En cualquier caso se había jurado a ella misma que no dejaría sin ayuda a su amiga Ana; de momento mantendría todo en secreto y la ayudaría de la mejor manera posible, ella vería como armarse de valor para plantear las cosas claras a Juan, su esposo.

Juan siempre había sido una persona gris, buena persona pero gris, sin criterio propio, solo dispuesta a obedecer, pensaba que obedeciendo era la manera más fácil de pasar la vida, estaba convencido de que unas personas habían nacido para mandar y otras para obedecer, —es ley natural— decía. Juan estaba convencido que enfrentarse a los que mandan era perjudicial para las personas, desde pequeño había soportado todo tipo de vejaciones por parte de los abusadores de su clase, nunca se había quejado a las maestras de los atropellos, los soportaba en un silencio que día a día se había convertido en su compañero, en resignación. Estaba convencido de que enfrentarse a sus compañeros solo le traería más problemas. Su cobardía o su resignación despertaba un sentimiento maternal en las niñas, parecía una especie de animal desvalido al que todas querían cuidar, fue así que con el paso del tiempo se comprometió con Pilar, una niña valiente que no se amilanaba ante ninguna persona, bueno, eso hasta la famosa crisis que había sumido a la mayoría de la población en una desesperación que trastocaba hasta lo más esencial de sus valores.

Pilar conocía muy bien a su esposo y sabía que su miedo podría abocarlo a situaciones desesperadas que pusieran en peligro la existencia de su matrimonio. Juan nunca había abandonado sus miedos y desde el inicio de la crisis ese miedo se había convertido en terror, en parálisis total. No podía contarle lo de Ana sin que ello supusiera un descalabro para él, un miedo añadido a todos con los que se enfrentaba cada día. Aunque los miedos de Juan no le iban a impedir ayudar a su amiga Ana, la había visto muy mal en la plaza y lo de la desaparición de la hija era motivo suficiente para demostrarle que a pesar de todos los riesgos no había perdido totalmente la humanidad y que la amistad entre ambas estaba por encima de todo. Empezaría por llevarle alguna cosa a la chabola y comprobar si ya había aparecido la pequeña María.

Continuara…

Discurso completo de José Mujica, Presidente de Uruguay al recibir galardón Corazón De León en la Universidad de Guadalajara.

Pepe siempre me conmueve, pero este discurso es realmente recomendable, por su sencillez y por que dice casi todo lo que importa en esta vida.

 

” el como gastas el tiempo no comprable de tu vida es la cuestión fundamental de tu existencia”