Relatos del futuro presente (6)

madre corazón

El encuentro con Ana, en la Plaza mayor, había disparado alguna alarma en el interior de Pilar que la empujaba a sacudirse la parálisis producida por el miedo que se había apoderado de las personas de a pie durante la consolidación de la gran crisis. Encontrarse cara a cara con su amiga de la infancia desposeída de todo bien material le hizo tomar conciencia de la deshumanización en la que había caído por culpa de la escasez impuesta a los más débiles. Aún no se atrevía a hablar de ello con su marido, no podía compartir con él sus pensamientos, tenía que afianzar sus convicciones y hacerse fuerte antes de intentar explicar lo que pensaba a su marido. Quería decirle que esta vida que llevaban no iba a ningún lugar, que luchar cada día por las migajas que les otorgaba el sistema a cambio de olvidarse de las personas que se habían quedado sin esperanza no era vida ni era nada.

Pilar intuía que era necesario salir de esa espiral en la que se habían visto envueltos como un remolino insaciable que les llevaba al abismo. Empezaba a ver claro que ese individualismo atroz, que habían asumido los de abajo para disputar a otras personas los pocos puestos de trabajo y las pocas viviendas disponibles, no tenía sentido. No era como en otra épocas de la humanidad donde no había realmente alimentos, en este momento de la historia los poderosos acumulaban sin cesar todo tipo de bienes. —Era muy sencillo— decía para ella misma, —se trata de repartir mejor, de acabar con la desigualdad. Es mentira que la desigualdad es inevitable, no puede ser que unos muchos estemos a expensas de unos pocos, poquísimos, no debe ser normal— se decía una y otra vez. Le asustaban sus propios pensamientos, tenía amigas que habían pagado las consecuencias de pensar de esa manera, de pensar que las cosas podrían ser diferentes y que podríamos mejorar la vida de todas las personas; unas habían perdido el trabajo, otras el marido y demasiadas las dos cosas.

En cualquier caso se había jurado a ella misma que no dejaría sin ayuda a su amiga Ana; de momento mantendría todo en secreto y la ayudaría de la mejor manera posible, ella vería como armarse de valor para plantear las cosas claras a Juan, su esposo.

Juan siempre había sido una persona gris, buena persona pero gris, sin criterio propio, solo dispuesta a obedecer, pensaba que obedeciendo era la manera más fácil de pasar la vida, estaba convencido de que unas personas habían nacido para mandar y otras para obedecer, —es ley natural— decía. Juan estaba convencido que enfrentarse a los que mandan era perjudicial para las personas, desde pequeño había soportado todo tipo de vejaciones por parte de los abusadores de su clase, nunca se había quejado a las maestras de los atropellos, los soportaba en un silencio que día a día se había convertido en su compañero, en resignación. Estaba convencido de que enfrentarse a sus compañeros solo le traería más problemas. Su cobardía o su resignación despertaba un sentimiento maternal en las niñas, parecía una especie de animal desvalido al que todas querían cuidar, fue así que con el paso del tiempo se comprometió con Pilar, una niña valiente que no se amilanaba ante ninguna persona, bueno, eso hasta la famosa crisis que había sumido a la mayoría de la población en una desesperación que trastocaba hasta lo más esencial de sus valores.

Pilar conocía muy bien a su esposo y sabía que su miedo podría abocarlo a situaciones desesperadas que pusieran en peligro la existencia de su matrimonio. Juan nunca había abandonado sus miedos y desde el inicio de la crisis ese miedo se había convertido en terror, en parálisis total. No podía contarle lo de Ana sin que ello supusiera un descalabro para él, un miedo añadido a todos con los que se enfrentaba cada día. Aunque los miedos de Juan no le iban a impedir ayudar a su amiga Ana, la había visto muy mal en la plaza y lo de la desaparición de la hija era motivo suficiente para demostrarle que a pesar de todos los riesgos no había perdido totalmente la humanidad y que la amistad entre ambas estaba por encima de todo. Empezaría por llevarle alguna cosa a la chabola y comprobar si ya había aparecido la pequeña María.

Continuara…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s